Estoy aquí parada
en medio de esta
inmensa autopista,
sacudiendo de
emociones el alma;
aún me falta tu mirada.
Fluyen las aguas
de mi etérea marea
y busco secuaz
o contrincante,
indago en tus pupilas
para arrimar el todo a la nada
y despojar las dudas
de una esencia de fuga.
No existo;
no confío;
no me veo
si no es
en tu reflejo.
Ya las horas no albergan el cansancio
Y el tiempo se fugó con los vagabundos del barrio;
Ya me he quedado coja de fuerzas
Y el corazón pesa más que las manos.
Allá del otro lado tú te encuentras
Pero no he podido hacerlo yo;
Me es difícil dibujar plegarias con silencios
Y elijo no callar, buscar tu redención
Y con ella secar mis ojos, náufragos del sol.
Aquí están mis sollozos,
soy yo convertida en cenizas
de aquél cigarro que acabaste
entre prisas y nervios,
soy yo, quien no sabe tocarte,
quien no encuentra una fórmula
para retener el sabor de la tarde.
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