jueves, 9 de agosto de 2012

El viejo insomnio

El insomnio se fatiga. Alguna vez fue rey y gobernó esta tierra de recelos; cantaba un réquiem cada noche y desconocía las causas. Hurgaba en los escombros del día para rescatar razones que lo comprometieran a existir; como si la oscuridad fuera su guía,  como si las horas más precisas para no dormir fueran las últimas. Este insomnio es un anciano y se aproxima a su deceso. Ya fue largo y fuerte, vigoroso y alto; presumía su juventud, se juraba vitalicio. También fue dictador que defendía con excusas la posibilidad de aniquilar al sueño vil, inmerecido ante sus ojos terroristas. “¿Por qué alcanzar descanso? ¿qué ofrece la noche a los ojos cerrados? ¿para qué me alejan, si el dolor me necesita?” gritaba él cuando confiaba en su fuerza. Ganó las batallas, siempre, y en contra de cualquier opositor: ovejas, plegarias, historias encerradas en las páginas de un libro…cansancio desmedido, yerbas de sanación; todo intento por matarlo se hacía vano, hasta que la angustia desapareció. Entonces al insomnio le brotaron las arrugas y las canas le pesaron, empezó a perder batallas en su propio territorio, el sueño ya no se dejó intimidar por el gran dictador y día tras día llegaba más temprano, sin necesidad de armas especiales; se fue instalando en la memoria de la pena evaporada y hoy acompaña al viejo insomnio, con respeto y entereza a esperar que su final aparezca y de él tan sólo un recuerdo exista. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario