Me duele el tiempo que no descansa
Y las prisas de último minuto;
el calor cuando no abrasa
Y el frío en medio del indulto.
Me angustia el perro atropellado,
Desvanezco en el fiasco rutinario;
La rabia me rebasa cuando
hay sangre
vertida sobre víctimas
fugaces.
Me punza el no que no razona
También el sí que se amordaza,
me aflige el cielo tan lejos
de mi voz
y las nubes huecas cuando
salto.
Padezco siempre con el
mundo herido
Que da la espalda a los
desfallecidos
Y alza la mirada ante
verdugos
Corrompiendo mi visión y mis
latidos.
Me amarga mi cara larga por
las tardes
Y no saber cómo
curarla
Vomito con los pesos que
se roban
Los clandestinos y enemigos
de mi alma.
Termino doliéndome en la
sombra
Y en la luz cuando alguien
la mitiga,
Me dueles siempre tú, a
cualquier hora
que en mí no te has de
doler nunca.
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